La madera vuelve a florecer

Más que una moda, los invernaderos se consolidan como una respuesta al deseo de bienestar, sustentabilidad y contacto cotidiano con lo natural. El diseño, la elección de materiales y el correcto cuidado de la madera resultan claves para transformar estos espacios en verdaderos puntos de disfrute a largo plazo.



19 de enero de 2026


Con la llegada de un nuevo año se multiplican también las oportunidades para repensar cómo habitamos nuestros espacios. Las tendencias actuales ponen el foco en una vida más conectada con la naturaleza, el bienestar y la búsqueda de equilibrio en un contexto atravesado por la sobreestimulación. En ese marco, gana terreno la creación de espacios destinados al disfrute personal, al ocio consciente y a la producción de alimentos saludables.

Invernaderos, huertas domésticas y hasta pequeños gallineros se consolidan como alternativas cada vez más elegidas por quienes buscan incorporar prácticas sustentables y reconectar con ritmos más naturales. Se trata de propuestas que combinan funcionalidad, bienestar y una experiencia cotidiana diferente.

Irene Tanner, creadora de @invernable.ok, emprendimiento pionero en la fabricación y comercialización de este tipo de soluciones, explica: “Las personas están eligiendo cada vez más los invernaderos y las huertas como una forma de sumar a su rutina diaria una actividad que promueva el bienestar. Son espacios que conectan con la naturaleza, inspiran a hacer algo distinto y permiten alimentarse de manera más sana y consciente”.

Los beneficios de la jardinería están ampliamente documentados. El contacto con las plantas ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, mejora el estado de ánimo y puede convertirse en un proceso terapéutico. Además, estimula la creatividad y favorece la producción de serotonina y dopamina, hormonas asociadas al bienestar.


La madera, un material clave en esta tendencia

En el desarrollo de estas estructuras, la elección de los materiales resulta determinante. La arquitecta Viviana Insaurralde, especialista en Marketing para la línea Woodcare de AkzoNobel en Sudamérica, señala: “Vemos que esta tendencia crece con fuerza tanto en Argentina como a nivel global. Y está claro que realizar estos espacios con materiales nobles como la madera aporta un valor diferencial que potencia la experiencia”.

Por su calidez, versatilidad y estética natural, la madera se posiciona como protagonista en la construcción de invernaderos y huertas. Sin embargo, su exposición permanente a factores climáticos como el sol, la lluvia, el viento o la polución hace imprescindible un cuidado adecuado para garantizar su durabilidad.


Claves para proteger la madera a la intemperie

Desde Cetol, marca líder en protección y cuidado de la madera del grupo AkzoNobel, comparten una serie de recomendaciones para asegurar un óptimo desempeño en exteriores. La clave está en aplicar productos que actúen por impregnación, sean flexibles, no se cuarteen, permitan un mantenimiento sencillo y protejan la madera frente a la abrasión y el envejecimiento prematuro.

Para este tipo de estructuras, una opción indicada es Cetol Duración Extrema, que incorpora triple filtro UV y moléculas de última generación que retrasan el deterioro de la película protectora. Su tecnología permite proteger la madera hasta por cuatro años con una aplicación realizada en un solo día. Forma parte de la línea Tecnología Balance, que se destaca por su fácil aplicación, rápido secado y bajo olor, optimizando tiempos de trabajo y reduciendo la adhesión de partículas al secar al tacto en apenas una hora.

Además de proteger, la madera también puede cumplir un rol decorativo. Entre las tendencias actuales se destacan los acabados que aportan estética sin perder naturalidad, como Cetol Classic Vintage, que ofrece un blanco translúcido que deja ver la veta, o Cetol Belleza Natural, ideal para quienes buscan preservar el aspecto original del material.

Así, la combinación de diseño, naturaleza y materiales nobles consolida una forma de habitar que prioriza el bienestar, la sustentabilidad y el disfrute cotidiano.


Fuente: AkzoNobel